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¿Por qué dejamos todo para el último momento?

¿Por qué dejamos todo para el último momento?
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  • En mayor medida, es un hábito que todos tenemos. De hecho, existen algunas razones psicológicas que explican las razones por las que solemos tener este tipo de comportamiento

No hay que confundirlo con la falta de tiempo, cuando tenemos muchas tareas planificadas y realmente no alcanzamos a llevarlas todas a cabo. En todas otras palabras, dejamos todo para el último momento.

En mayor medida, es un hábito que todos tenemos. La definición precisa es 'procastinación', término que se refiere al hecho de aplazar, postergar o posponer actividades o tareas importantes, sustityéndolas por actividades placenteras o de ocio.

De hecho, hay algunas razones psicológicas que explican porqué solemos tener este tipo de comportamiento.

Las 'deadlines', un arma poderosa

Hoy en día vivimos en un mundo plagado de fechas límite para llevar a cabo tareas o hacer cosas. En la escuela, en la universidad, en el trabajo, para temas burocráticos e incluso para temas de ocio, todo funciona a base de timpos que hay que respetar.

La expresión 'deadline' proviene de Estados Unidos, donde hace referencia a la barrera que los presos no pueden franquear, ya que más alla de ese límite los guardias pueden dispararles a matar (de ahí lo de 'dead', muerto).

Más allá del origen de la expresión, el hecho es que estas fechas límite actúan a modo de ultimatums para nosotros, como una amenaza: "si no haces esto a tiempo, algo malo ocurrirá".

Falsas ilusiones

En psicología se conoce como 'falacia de la planificación' la falsa idea optimista de que más tarde tendremos tiempo para hacer lo que tenemos que hacer. Es decir, en un momento dado podemos sacar tiempo, pero pensamod "mañana tendré más tiempo y no tendré que sacarlo, me sobrará". Cosa que evidentemente no es cierta.

Es algo que nos ocurre a todos, en mayor o menor medida. Cuando el tiempo está cerca de su fin, la presión hace que nos activemos y la motivación para terminar la tarea en cuestión aumenta.

Pese a que algunas personas se sientan más presionadas que otras, lo cierto es que nuestro cerebro está perfectamente capacitado para trabajar bajo presión, y que este estrés positivo que sufrimos cuando se acerca en final de una fecha límite 'destapa' nuevas capacidades o habilidades que no creíamos poseer.

Así, parece que en los últimos momentos de la cuenta regresiva es cuando somos más eficientes, lúcidos y proactivos, y tenemos más imaginación y energía para realizar la tarea.

El problema es que este 'empuje' de energía que nos da nuestro cerebro no es ilimitado, y llega un momento que si acumulamos demasiadas tareas no seremos capaces de completarlas todas por mucho que nos esforcemos.

Esto, además, provoca un bajo, pues cuando nos damos cuenta de que no vamos a llegar a hacerlo todo, el cerebro 'se relaja' y perdemos el 'empuje' de ese estrés positivo. Y ahí es cuando dejarás de intentarlo.

Lo cual le da sentido a la frase que siempre hemos escuchado decir a nuestros padres y abuelos: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".