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Los envases de comida rápida, bajo sospecha

Los envases de comida rápida, bajo sospecha
/ OCU.
  • La OCU analiza la presencia de sustancias químicas en envases de pizza, hamburguesas, patatas fritas o palomitas

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha analizado los envases de comida rápida para determinar la presencia de determinadas sustancias químicas en ellos. Los contenedores en los que transportamos pizzas, hamburguesas, patatas fritas o palomitas, entre otros, han sido sometidos a examen por la OCU para averiguar si contienen elementos nocivos para los consumidores. En concreto, los análisis de la OCU determinaron que los de papel y cartón presentan perfluorados (PFAS), unos compuestos que al migrar podrían tener efectos perjudiciales para el medioambiente y la salud.

No solo los alimentos pueden tener efectos negativos en nuestra salud. Algunos envases pueden llegar a tener gran impacto, afectándonos tanto directamente por ser nocivos para nuestra salud, como indirectamente por la contaminación del medioambiente.

PFAS: a más temperatura, más riesgo

Como compuestos perfluorados o PFAS (siglas para perfluoralquilados) se conoce a un largo número de sustancias que por su estabilidad y propiedades son resistentes a los ataques químicos y además repelen muy bien el agua y la grasa. Es por ello que son muy útiles en recubrimientos de papel y cartón en contacto con alimentos, especialmente cuando estos son húmedos, calientes y ricos en grasa, ya que permite que el alimento se mantenga caliente y crujiente. De manera que es común que los PFAS estén presentes en las bolsas de palomitas, cajas de hamburguesas, patatas, pizzas o cualquier otra preparación relacionada con la comida rápida. De hecho, el riesgo de migración aumenta cuanto más alta es la temperatura, cuanto más contenido en grasa o cuanto mayor es el tiempo de contacto.

Para el estudio, en el que la OCU ha colaborado con Euroconsumer (Bélgica, Italia y Portugal), consistió en tomar muestras de envases en cada país hasta un total de 65 productos. En ellos se realizaron tres tipos de prueba:

- Análisis por barrido de rayos X para saber si había perfluorados en la superficie

- Cromatografía de gases y detección de emisión de plasma para buscar flúor volátil

- Prueba de cantidad total de compuestos fluorados orgánicos.

Aquellos envases que dieron positivo se sometieron a análisis posteriores, más detallados, para identificar el tipo de PFAS. En España, solo tres productos presentaron niveles lo suficientemente significativos como para llegar a profundizar en los análisis. Estos fueron los resultados del estudio:

Cartón de pizza

En otros países sí se detectó presencia de compuestos nocivos, pero en ninguna de las españolas.

Envases de hamburguesas

Se analizaron los de las distintas cadenas de comida rápida, pero el resultado fue negativo en todos ellos, no así en las mismas cadenas en otros países, que obtuvieron peores resultados.

Cartones de patatas fritas

En estos envases se encontraron las muestras más conflictivas. Aunque solo una de ellas, la de Burguer King Satisfries, se encontró en nuestro país.

Palomitas

Se encontraron dos bolsas de palomitas para microondas que presentaban valores significativos de PFAS: Eagle Pop Up y Popitas. Por el contrario, en las bolsas de palomitas para el cine no se encontraron rastros considerables de las sustancias nocivas.

Según la OCU, los resultados obtenidos en otros países fueron peores que los obtenidos en nuestro país. Desde la plataforma explican que se llegó a dar el caso de que un mismo producto obtuvo resultados diferentes según el país de origen, aunque aclaran que su preocupación no se deriva de los valores detectados, sino de la falta de estudio del grueso de estos compuestos o de los efectos derivados de la mezcla entre ellos o con otras sustancias.

La OCU demanda una legislación específica europea que regule estos compuestos, aunque admiten que diversos organismos internacionales como la OCDE han hecho recomendaciones para fijar límites y buscar alternativas. Entre ellos destaca la Declaración de Madrid de 2015, mediante la que más de 200 científicos establecieron los peligros potenciales de los PFAS y pidieron alternativas de cadena corta y no fluoradas para sustituirlos.

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